¿De dónde viene el Terror?

El terror, el miedo y la angustia son sentimientos que están muy relacionados entre sí, ya que todos tienen que ver con una respuesta natural de los seres humanos frente a algo inquietante, que variando solamente de acuerdo con las particularidades de cada situación. ¿Pero que hace que algo se vuelva inquietante?

Para los psicoanalistas, lo inquietante y los temores se relacionan con un término acuñado por Sigmund Freud, el cual se conoce como “Lo ominoso”, y habla sobre cómo algo familiar, de un momento a otro se vuelve desconocido, y por lo tanto inquietante. Es esta mezcla casi ilógica, entre familiar y extraño, lo que produce que algo se vuelva inquietante u ominoso.

A esto, también podemos sumar una explicación biológica, el terror existía ya en nuestros cerebros primitivos para alertarnos de peligros a nuestra supervivencia; y como diría H.P. Lovecraft, es la emoción más antigua que siente el ser humano.

Con esto en mente ya podemos empezar a explicar que es el terror, ya que tiene que ver exactamente con esto, la aparición de algo sorpresivo y extraño que no esperábamos, y que nos hace pensar en peligro. Su extrañeza, obviamente puede surgir también de algo familiar, por ejemplo en el caso del miedo a las muñecas; y el peligro, puede ser ficticio o vicario, como en el caso de películas, libros y todo tipo de obras artísticas.

A diferencia del terror, el miedo, tiene que ver menos con la sorpresa, y mucho más con algo estable que produjo terror varias veces, o que fue un estímulo presente cuando sentimos terror por otro motivo, por ejemplo en el caso de fobias a elementos no peligrosos. El miedo y las fobias se anclan en el cerebro humano, y generan una sensación de peligro, incluso cuando no hay estímulo presente o este no es peligroso.

Finalmente, la variante del terror más difícil de manejar es la angustia, ya que no responde a ninguna sorpresa ni estímulo claro, siendo sólo una sensación de inquietud a nivel corporal y de pensamiento, que se sostiene en la incertidumbre, y por lo tanto se vuelve casi imposible de manejar, llegando a mantenerse en la persona por días enteros en los casos más graves.

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